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domingo, 4 de octubre de 2009

El asesinato de Rorschach (b)

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Además, hay algo más que subyace a las dos situaciones que he recordado, y que condiciona la posible condición moral de la perspectiva del Dr. Manhattan. Este vive simultáneamente pasado, presente y futuro; sabe por lo tanto cuáles serán las consecuencias de las acciones que realiza a cada momento, realiza los actos inmerso en el presente, pero a la vez con la perspectiva de lo que ocurre -ineludiblemente- en el futuro. Este, me parece, es un punto clave para argumentar en contra de la posible perspectiva moral del Dr. Manhattan. Cuando tomamos una decisión que creemos que es buena, y realizamos la acción, tenemos la íntima esperanza de que nuestra decisión haya sido correcta, y de que las consecuencias en efecto sean buenas. Cuando Dr. Manhattan toma una decisión y actúa no tiene ninguna esperanza de la bondad (o maldad) de su decisión, él sabe perfectamente si las consecuencias van a ser ‘buenas’ o ‘malas’. Así, cuando decide engañar a su pareja con Laurie sabe muy bien cuáles serán las consecuencias, sabe que su pareja lo dejará y que eventualmente también lo hará Laurie. Pero él no ve esto a partir de la perspectiva de lo bueno o lo malo, lo ve simplemente de la perspectiva del observador que constata los hechos. No puede verlo desde la perspectiva de lo bueno y lo malo porque para tener una perspectiva moral es necesario decidir sobre algo teniendo la posibilidad de proyectarse en la creencia de que la acción es buena; esperanza que tiene que ver más con la dimensión emocional o espiritual que con la intelectual. Dr. Manhattan carece de tal dimensión emocional, sabe todo lo que pasará y por lo tanto carece de la posibilidad de sentir esperanza sobre algo.

Ahora bien, pensemos en el momento en que Manhattan mata a Rorschach. Ya antes Manhattan ha matado a delincuentes, siguiendo las órdenes del estado de salir a las calles como un vigilante más a combatir el crimen. Pero en esas ocasiones Manhattan simplemente actuaba sabiendo perfectamente cuáles serían las consecuencias de sus decisiones. No hay en tales antiguas matanzas a delincuentes una verdadera decisión moral, Manhattan está más allá de ello. Sin embargo, en la muerte de Rorschach la situación es muy diferente. Recordemos que Veidt, para evitar que el Dr. Manhattan detenga su plan, ha disparado taquiones en el espacio –partículas que viajan más rápido que la velocidad de la luz y provocan que la dimensión temporal se trastorne. Estos taquiones están provocando que Manhattan no pueda tener, en el presente, conciencia de lo que va a ocurrir en el futuro; es decir, los taquiones interfieren en su capacidad para leer el tiempo más ampliamente, no puede ‘recordar’ lo que va a pasar en el futuro. Esto significa que, desde que Manhattan llegó a la base de la Antártica de Veidt, todas sus decisiones han sido tomadas sin saber exactamente cuáles serán las consecuencias futuras. Cuando Manhattan decide apoyar el plan de Veidt no lo hace porque está seguro de que este realmente traerá la paz perpetua en la tierra, sino porque cree que el plan puede funcionar, es decir, tiene esperanzas en que dejar al plan en secreto es la mejor decisión, es la decisión que traerá el bien al mundo –no está en condiciones de saber de facto si el plan realmente funcionará. Así es, Manhattan ha recuperado su posibilidad para decidir moralmente sobre sus acciones en la base de la Antártica de Veidt: no puede ver el futuro, y por lo tanto tiene que decidir en el presente de acuerdo a lo que considera que es bueno y malo, puede proyectarse moralmente en sus decisiones sobre los hechos.

Esto significa que cuando Manhattan mata a Rorschach, a diferencia de todas las anteriores ocasiones en las que ha causado la muerte de alguien, no sabe cuáles serán las consecuencias de su decisión y de su acción. Manhattan asesina a Rorschach y comete una falta moral. Cuando él comienza a tomar decisiones sin saber cuáles serán las consecuencias ya no puede culpar al destino y a sus cuerdas de las consecuencias, ahora es él quien decide y quien toma responsabilidad de sus acciones. Rorschach es el único verdadero asesinato que comete Manhattan, la única muerte en la que él ha visto más que simples moléculas físicas perder la vitalidad, para ver a un individuo con intenciones que a él no le son convenientes, y que considera que podrían traer un mal para la mayoría. En los dos hechos expuestos al inicio no hay una verdadera acción con rasgos utilitaristas de parte del Dr. Manhattan. En esta tal vez sí puedan ser aplicables tales rasgos: Manhattan causa el menor daño posible para que reine el mayor bien posible. La muerte de Rorschach no es un simple hecho que Manhattan realiza y corrobora a lo largo del tiempo -tal como lo hace con todos los demás hechos-, más bien, la muerte de Rorschach es un auténtico sacrificio que Manhattan tiene que hacer para que sus creencias morales sobre el mundo se hagan viables.

El asesinato de Rorschach (a)

El 22 de este mes participaré en una mesa redonda sobre el cómic Watchmen en la universidad Ruiz de Montoya, ello en el marco del V Simposio de estudiantes de filosofía. Una reflexión - en dos partes- sobre la moral de uno de los personajes del cómic a continuación (mi exposición en tal mesa redonda no tratará este tema):


Al final del cómic Watchmen, tras descubrirse el plan de Veidt y la necesidad de que permanezca en secreto, Dr. Manhattan -un ser con capacidades ‘supra-humanas’, como la manipulación de la materia y una percepción no lineal del tiempo- mata a Rorschach, al tener este último la intención de contarle al mundo lo que había realizado Veidt. Mi intención aquí es la de reflexionar sobre este último acto del Dr. Manhattan, intentando comprenderlo dentro de la ‘moral’ extra-ordinaria que se le podría aplicar a un ser como el Dr. Manhattan, claramente no humano[1], y claramente no divino[2].

Quisiera comenzar recordando un par de eventos en los que estuvo envuelto el Dr. Manhattan, y en los que estuvo implicada la muerte de una o más personas. En primer lugar, recordemos el momento en que la ciudad comienza a protestar ferozmente en contra de los vigilantes, exigiendo que ellos desaparezcan de la sociedad. Estas protestas son apaciguadas precisamente por los mismos vigilantes, actuando cada uno en lugares diferentes del país. El Dr. Manhattan está en Washington, intentando impedir que la multitud se abalance contra la casa blanca. En un momento determinado, ante la dificultad de la situación, Dr. Manhattan decide enviarlos a todos a sus casas, teletransportándolos forzosamente. Tras hacerlo, dos personas sufren paros cardiacos ante la impresión de tan repentina desaparición de un lugar y aparición en otro. Claramente es el Dr. Manhattan quien ha causado tales muertes, aunque sea indirectamente. Sin embargo, él reflexiona que si no hubiera hecho lo que hizo, probablemente muchos más hubieran sufrido daños. Aquí pareciera que Manhattan se mueve por un principio utilitarista, es decir, parece justificar su acción pensando en el bien para la mayoría, procurando el menor mal posible. Esto, por supuesto, no significa reducir al utilitarismo a un ‘consecuencialismo’ (aquel bien que promueve la acción utilitarista no se simplifica diferenciando a los medios de los fines), pero no se puede negar que aquí la decisión sobre la buena acción moral necesita de una proyección hacia aquello que se cree que será bueno para todos (en John Stuart Mill, las reglas son aquellas que proyectan correctamente lo que sería bueno para todos -o para la gran mayoría- causando el menor mal posible). Podríamos decir entonces que Dr. Manhattan ha actuado de acuerdo a tal noción utilitarista, insertando su moral en tales principios. Sin embargo aquí podrían hacerse varias observaciones: ¿ha actuado realmente Manhattan pensando en el bien de la mayoría?, ¿no está simplemente siguiendo órdenes del estado, o no está intentando proteger a Laurie de la multitud?; ¿y se puede hablar de querer hacer un bien cuando se sabe cuál va a ser la consecuencia exacta del acto –teniendo en cuenta la noción que Dr. Manhattan tiene del tiempo?, ¿no dice él mismo que todos somos como títeres del destino, que él solamente puede ver las cuerdas?, ¿puede haber allí distinción entre lo que está bien y lo que está mal?

Otro evento que me gustaría recordar se da lugar en Vietnam, cuando el Comediante mata a una mujer embarazada sin ningún remordimiento. Dr. Manhattan presencia este hecho y se podría decir que se conmueve con la situación. Le reclama al Comediante por lo que hizo, pero este le contesta que él bien podría haber detenido el hecho, pero que no lo hizo. El Comediante, con su retorcida pero evidentemente lúcida inteligencia, le advierte a Manhattan cómo está perdiendo contacto con la humanidad, cómo en realidad está muy lejano a ella y cómo no le importa en el fondo lo que a ella le suceda. Cabe preguntarse entonces, a partir de este evento, cómo ha interpretado lo bueno y lo malo el Dr. Manhattan, qué papel juega su percepción moral de la situación, si es que tiene una. Claramente hay una percepción inmediata en él de que el asesinato de la mujer embarazada es algo malo, sin embargo lo que nos hace recordar el Comediante es cierto, Manhattan no detuvo la acción, a pesar de que pudo haberlo hecho con facilidad. Evidentemente no la detuvo por maldad, no quería que la mujer fuera asesinada. Yo más bien me inclinaría a pensar que la visión del hecho de Manhattan ha carecido de una perspectiva moral. Manhattan ha visto el asesinato más bien como un observador objetivo. En el momento inmediato reacciona gritando que no lo haga, dando lugar a aquel resto de humanidad que hay en él. Sin embargo, ha dejado que los hechos se sucedan, no interviniendo nunca en pos de un bien o mal moral. Manhattan observa el asesinato y reacciona ante él, pero no lo hace desde la perspectiva de la ética, lo hace desde la perspectiva del simple observador que constata los hechos. Quiero decir, ante el hecho, no habría habido preocupación en Manhattan, sino sorpresa. No ha habido el estremecimiento de la moral que no comprende y no se puede identificar emocionalmente con el hecho, sino la confusión del observador científico que no entiende la lógica de lo observado.

Lo que básicamente quiero decir aquí es que en Manhattan no hay siquiera posibilidad de la comprensión emocional, él ya está más allá de ello. Tanto en el primer caso como en el segundo no entra la dimensión espiritual a intentar identificarse con los sujetos que son parte de los hechos. Lo que hace el Dr. Manhattan es más bien intentar entender analíticamente, intelectualmente los hechos. En el primer caso Manhattan sí entiende la situación perfectamente, entiende cuáles son las mejores consecuencias. Pero entiende desde su capacidad analítica intelectual, no desde su capacidad comprensiva emocional. Por ello es que sí toma una decisión y actúa. Pero en el segundo caso Manhattan no entiende la situación. Se confunde ante ella y no atina a actuar porque lo que presencia está más allá de sus capacidades. Al no comprender, Manhattan no puede actuar. Pero debe quedar claro aquí que es la dimensión intelectual, analítica, la que está presente en Manhattan, no la emocional. Y es en tal dimensión emocional en que se posa la moral, es a partir de ella que el ser humano se identifica con su entorno y puede reflexionar más profundamente sobre él. Manhattan está más allá de la moral, no existen para él las diferenciaciones entre el bien y el mal (está ‘más allá del bien y del mal’), puesto que para comprender al bien y al mal en tanto que propiedades morales del mundo es necesario identificarse emocionalmente con él.

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[1] Dr. Manhattan mismo no se siente un humano más; termina incluso dándose a sí mismo características pseudo divinas, al decir que piensa crearse sus propios seres vivos en otro planeta (Watchmen, Cap. XII, p.27).
[2] Dr. Manhattan está aun inmerso en muchos conflictos emocionales que lo hacen actuar impulsivamente cuando es presionado. Claro ejemplo de esto es su desesperación cuando es acusado en televisión por supuestamente haberle causado cáncer a varias personas cercanas. Esto, por supuesto, aleja al Dr. Manhattan de la divinidad, y lo acerca a la humanidad.