viernes, 18 de diciembre de 2009

Lo cotidiano: el cómic

La cotidianeidad no es una característica común en el cómic. Por el contrario, este es un arte que suele crear mundos fantásticos y llenos de situaciones no corrientes; por naturaleza, el cómic se aleja de lo cotidiano. Hay, sin embargo, algunas excepciones con las que me he encontrado.

Para empezar, hablar de lo cotidiano en el cómic obliga a pensar casi inmediatamente en la obra American Splendor de Harvey Pekar.


American Splendor es un cómic autobiográfico que se dedica a contar el día a día de la vida del autor: los problemas del trabajo, las relaciones con los colegas, con las parejas, las pequeñas cosas que ponen ansioso cada día, se convierten en tema central del cómic. Aquí, lo cotidiano se muestra explícitamente. Pekar se aleja con placer manifiesto de lo fantástico, de lo estereotipado. El lenguaje utilizado siempre es el más coloquial.


Otro cómic autobiográfico que admiro mucho es Paracuellos, del español Carlos Giménez. Allí se narra la vida de los niños internados en los hogares de Auxilio Social, luego de la guerra civil española. El cómic es doloroso, triste, muy emotivo, pero a la vez tiene momentos de juego, de ingenuidad y ternura. Lo cotidiano aquí no se muestra como la situación ordinaria y no sorprendente, por el contrario, lo cotidiano no deja de exigir una actitud siempre alerta, siempre dispuesta a la inventiva con tal de que se logre comer lo suficiente cada día.


Pero no sólo los cómics autobiográficos tienen la capacidad de partir de la cotidianeidad para generar su arte. Está, por ejemplo, el Ghost World de Daniel Clowes, que nos muestra la vida adolescente auténtica que se aleja de los clichés y se posa en un día a día un poco angustiado, un poco rebelde, un poco conformista, un poco alienado: muy adolescente. No creo que la obra de Clowes funcione como juicio moral; funciona como descripción del lento paso del aburrimiento cotidiano que no está seguro de qué dirección tomar. Lo absurdo de la sociedad no se nos muestra para que nos pongamos a llorar; se nos muestra para que nos identifiquemos. He allí una característica principal del acercamiento a la cotidianeidad: se describe, no se explica.


Amo a Neil Gaiman. Me parece un súper capo de los cómics. Él suele ser un creador de alucinaciones inteligentes, por lo que casi nunca creo encontrar a lo cotidiano expresado en sus obras. Pero después de que Alan Moore terminó con una de sus mejores obras (a mi juicio): Miracleman, Neil Gaiman tomó la posta y continuó con el desarrollo de la historia. Moore había creado una utopía ejemplar de la que no parecía posible extraer alguna continuación que esté a la altura. Sin embargo, Gaiman se encargó de demostrar que él sí era capaz. El plan de Gaiman no pudo ser culminado, apenas escribió la primera parte (y un poco de la segunda) de las tres que quería escribir. Allí, Gaiman toma el mundo utópico que había construido Moore, y se posa en la cotidianeidad de los ciudadanos que viven en él, que aun intentan aprender cómo sobrevivir a él. Gaiman se inserta tan profundamente en la fantasía que llega a sus bases. Explora las problemáticas que surgen en las personas imperfectas que han sido sometidas a vivir en un mundo perfecto. Aquí se crea una cotidianeidad, se la moldea complejamente.


Por último, quisiera mencionar al argentino Liniers y su cómic Macanudo. Las cosas que se presentan allí son tan cotidianas y ordinarias que llegan a ser mágicas. Liniers tiene una habilidad increíble para sacar de cada cosita algo especial. Realmente una de las cosas que más disfruto leer. Fíjense en cómo el día a día surge adornado de la más inocente sabiduría en las tiras de Macanudo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Investigaciones Filosóficas: el Prólogo

Me he propuesto, para este verano, hacer una lectura detenida de las Investigaciones Filosóficas de Wittgenstein. Así que talvez en adelante se venga una serie de post que comenten o intenten aclarar(me) ciertos pasajes de esa obra. Empecemos, entonces, por donde se empieza.


Los prólogos de Wittgenstein son los más sinceros que he leído en mi vida. Nadie como él para plasmar en unos cuantos párrafos toda la carga emocional con la que escribe su filosofía. Son prólogos que más que introducir a la temática del libro, introducen a su espíritu, a su motivación emocional. Convencen, precisamente, porque conmueven.

El Prólogo de las Investigaciones inicia con una confesión: Wittgenstein intentó realizar un libro sin fisuras, secuencialmente fluido, que vaya ordenadamente de un tema a otro. Tal objetivo no se ha logrado:

“Tras varios intentos desafortunados de ensamblar mis resultados en una totalidad semejante, me dí cuenta de que eso nunca me saldría bien. Que lo mejor que yo podría escribir siempre se quedaría sólo en anotaciones filosóficas; que mis pensamientos desfallecían tan pronto como intentaba obligarlos a proseguir, contra su inclinación natural, en una sola dirección. –Y esto estaba conectado, ciertamente, con la naturaleza misma de la investigación.”

Hay muchas cosas que resaltar aquí. En primer lugar, aquí hay un claro énfasis en la importancia del pluralismo. Yo no soy de los que cree que aquí simplemente se está expresando una anécdota sobre la experiencia de escritura de Wittgenstein. Aquí, más bien, se expresa ya una de las nociones más importantes del acercamiento filosófico del libro al lenguaje y a la ética: existe la posibilidad de acercarnos a partir de varias perspectivas a un problema, con lo que es posible iluminar varios aspectos de él, no sólo uno. Ya hay aquí una enseñanza. Wittgenstein hace énfasis en cómo no ha seguido “una sola dirección”, sino que ha sido necesario que abarque los temas desde varios puntos de vista. Sobre el mismo tema más tarde dirá:

“Los mismos puntos, o casi los mismos, fueron continuamente tocados de nuevo desde diferentes direcciones y siempre se esbozaron nuevos cuadros.”

Esta no es una simple descripción del modo de trabajo; es una afirmación de la importancia de no perderse bajo las sombras del punto de vista único.

Pero hay una cosa más que quisiera resaltar del primer pasaje citado. Allí hay una excelente muestra de la sinceridad filosófica de Wittgenstein. El modo en que dice haber realizado su libro, lleno de fisuras, de saltos en zigzag, de retratamientos de los temas desde diferentes perspectivas, nace de la sinceridad con la que ha realizado su filosofía. Ha tenido que realizarla así, ya que así se lo obligaba su naturaleza; hacer otra cosa, no hubiera sido más que una alienación. La auténtica manera de filosofar es aquí la que sigue la propia, la subjetiva, la íntima “inclinación natural”.

Cabe notar además, cómo aquí se expresa perfectamente la moral que exige Stanley Cavell (hasta donde yo la entiendo) cuando intenta conjugar la autenticidad y autoconfianza de Emerson con el retorno a la cotidianeidad de Wittgenstein y de Austin. Para Cavell el retorno a lo cotidiano (recordemos la frase wittgensteniana: “reconducimos las palabras de su empleo metafísico a su empleo cotidiano”) es el retorno a aquel lugar en el que realmente se conforma nuestra vida, en el que realmente nos encontramos con nosotros mismos, con nuestros complejos e imperfectos modos de concebir el mundo, de vivir en él: nos encontramos con lo que realmente somos. Así pues, el retorno a lo cotidiano está íntimamente ligado con la importancia de la autenticidad, de la sinceridad con uno mismo, del rechazo a lo cínico, a lo alienado (en donde entra lo que Cavell llama el ‘perfeccionismo’ de Emerson).

Wittgenstein, al decir que él tenía que seguir la naturaleza de su pensamiento, está diciendo que es un acto de honestidad con su trabajo, consigo mismo, el que haya seguido ese camino. Y tal camino es calificado por él mismo como imperfecto. Wittgenstein ha descendido su modo de filosofar a lo cotidiano: cambiante, plurivalente, inconexo, defectuoso. Aceptación de que tal es la propia naturaleza. Autenticidad. La filosofía de Wittgenstein (y en particular este prólogo) es ejemplo perfecto de la moral que quiere Cavell.

Hay un último pasaje del Prólogo que quisiera comentar:

“Hace cuatro años tuve ocasión de volver a leer mi primer libro (el Tractatus logico-philosophicus) y de explicar sus pensamientos. Entonces me pareció de repente que debía publicar juntos esos viejos pensamientos y los nuevos: que estos sólo podían recibir su correcta iluminación con el contraste y en el transfondo de mi viejo modo de pensar.”

No es fácil entender esta afirmación. Ciertamente, no parece tratarse simplemente de que el Tractatus funciona aquí como simple objeto de oposición. Parece decirse, más bien, que el pensamiento del Tractatus, aunque tiene “graves errores” (como dice luego), aporta algo a las Investigaciones Filosóficas. Hay, por supuesto, quienes intentan encontrar una ligazón importante entre ambos libros. Hay quienes, por el contrario (y son la mayoría), simplemente los tratan como libros opuestos. Yo no estoy seguro de qué pensar sobre esto. Creo que sí hay razones para pensar en coincidencias entre ambos libros (sobre todo por las intenciones éticas que los subyacen), pero creo también que los desarrollos filosóficos se contradicen claramente entre sí. En el pasaje citado, Wittgenstein bien podría estarse refiriendo a su constante noción de que es necesario pasar por el error para llegar a la verdad, o de que a partir del error surgen los más fructíferos pensamientos. Pero como señalé antes, el Tractatus parece estar siendo referido aquí como algo más que como un error. Más que esto, ya no sé decir.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Hellsing (manga)

Ando leyendo por primera vez un manga japonés, Hellsing, del escritor y dibujante Kouta Hirano. La verdad, lo ando disfrutando mucho, por el modo tan diferente en que usa el lenguaje de la narración por viñetas, en relación con los clásicos cómics. Sería demasiado atrevido para mí hablar de las características del manga en general, ya que, como dije, este es el primero que leo. Pero sí me gustaría resaltar algunas de las características que más me han llamado la atención hasta ahora de Hellsing en particular.

Para empezar, creo que resulta muy importante recordar cómo aquí ocurre lo que me parece pasa casi siempre en los mangas: el guionista es el mismo que el dibujante. Esto resulta muy importante, porque se logra con más éxito la perfecta simbiosis entre palabra e imagen. En muchos casos del cómic se sienten a ambos aspectos muy separados, e incluso, se siente que cada uno va intentando lucirse por su cuenta, mostrando cada uno sus dotes en su propio campo de composición. Ello, por supuesto, le quita riqueza y profundidad a la obra. En Hellsing es muy claro que eso no ocurre; la narración no se limita a las palabras, sino que se expande con total naturalidad a las imágenes, que en muchas ocasiones muestran po sí solas lo que otros hubieran puesto en palabras.


Esto permite darle lugar a una característica que -como Scott McCloud lo describe en su Understanding Comics- es común en los mangas japoneses: la narración es mucho más pausada, pone en suspenso a la prisa de la acción, y aun cuando esta es más vertiginosa, se da su tiempo para la contemplación cautelosa, para la descripción serena pero intensa de los contextos, tanto en imágenes, como en palabras.

Muchas páginas son invertidas en la muestra de hechos que podrían ser descritos rápidamente. En uno de los momentos más crueles de la historia, son 11 páginas seguidas las que se dedican a describir lentamente la matanza masiva. Se separan imágenes de textos. Se aumenta pacientemente el ambiente de terror.

Además, me encanta el uso de diferentes técnicas de dibujo que se usan en una misma página, e incluso en una misma viñeta, para mostrar diferentes tipos de actitudes de los personajes.

Hay aquí, claramente, una nueva forma de crear emociones. Una y otra vez se nos muestran pedazos incompletos del cuerpo; hay mucha más concentración en los primerísimos planos que en los planos amplios. Aquí ayuda mucho el blanco y negro de las imágenes.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Lo cotidiano: la comedia

La comedia que más disfruto es la que está basada en la conversación, la que busca la risa en el acto mismo del lenguaje; y considero que tal tipo de comedia tiene mucho valor porque nos permite reírnos sumergidos en lo más concreto de la vida, en lo más cotidiano, y por lo tanto, en donde se conforman todos los valores de nuestra vida, en donde nos hacemos lo que somos. Es, por lo tanto, un vehículo perfecto para acercarnos a nosotros mismos, aceptando en la risa la imperfección de lo cotidiano, de lo que somos enteramente. Sarcasmo triunfante, en vez de negación alienada. La risa que generan estas comedias, basadas en el acto de la conversación más cotidiana, me parece la risa más sincera, la que más conectada está con lo que somos nosotros mismos: nos reímos de nosotros para acercarnos a nosotros, para conocernos a nosotros.

Por supuesto, la serie Seinfeld, creada por Jerry Seinfeld y Larry David, es un perfecto ejemplo de este tipo de comedia –al menos en sus primeras temporadas. En Seinfeld la risa es provocada a partir de las situaciones más concretas, de las conversaciones más cotidianas y casuales. Veamos el siguiente ejemplo, probablemente uno de los más radicales de la serie, en donde los personajes se dedican a nada más que a conversar entre sí por un episodio completo, mientras esperan a que una mesa de un restaurante se desocupe:



El siguiente es uno de los mejores diálogos de la serie, sobre las características de una mujer. ¿Cuántas veces al día tiene la gente conversaciones de este tipo?



Otra comedia que se posa en lo más ordinario de la vida para sacar de ahí inacabable material es Curb your enthusiasm, de Larry David (uno de los creadores de Seinfeld). Fíjense cómo toma tiempo en pequeñas cositas concretas que para cualquier otra comedia serían innecesarias; y cómo la conversación es un factor primorial:






Así además, Larry David se permite reírse de aquello que parece intocable: si descendemos al nivel de lo cotidiano, des-santificamos problemáticas que no nos habíamos atrevido a tocar antes, y que ahora no tenemos ningún problema para enfrentar. Como he venido diciendo, descender a lo cotidiano es encontrarse con lo que uno mismo es sinceramente, no esconderse de aquello que no nos gusta, que no nos parece conveniente. Hay aquí una aceptación y una celebración de lo que uno realmente es. Rechazo al serio cinismo. Risa explícita y concreta de nuestros defectos. Posarse sobre lo cotidiano es aceptar que vas a embarrarte, y disfrutar con ello.



viernes, 27 de noviembre de 2009

Lo cotidiano: la música

Si nos vamos a referir a lo cotidiano en la música, tenemos que empezar necesariamente por el género que más radicalmente descendió la música a tierra, al suelo, a lo más suciamente ordinario. Por supuesto, me refiero al punk, que nace como reacción a manifestaciones como las del rock progresivo, lleno de complejidad y virtuosismo. Frente a ello, el punk quiere ser simple, concreto; su revolución consiste en la afirmación de la desnudez de la expresión más cruda del espíritu de una juventud que se niega a tener que someterse a cosas demasiado elevadas e ininteligibles. En ese sentido, podría decirse que el punk representa en la música, del modo más radical, el deseo wittgensteniano de decender de las alturas metafísicas a lo más ordinario y cotidiano. Qué mejor para ejemplificar esto que la tremenda banda peruana Los Saicos.




Cuando pienso en la cotidianeidad ligada a la música me viene inmediatamente a la mente la chilena Violeta Parra. Talvez sea por su sinceridad, por la naturalidad con la que realiza su música, por cómo se siente que todo su arte tiene un espíritu absolutamente ligado a un sentimiento del pueblo, a un sentimiento concretamente profundo. La guitarra de Violeta es de las más sinceras que he escuchado. En la cotidianeidad, por supuesto, no vale mentir, no se puede mentir. Una vez que se miente, se sale de ella, se da un paso más allá. Una expresión verdadera de lo cotidiano debe ser necesariamente una expresión inmediata y auténtica. Violeta:






Kimya Dawson, a quien conocí gracias a la buena película ‘Juno’, es una compositora con un espíritu muy cotidiano (y cotidianizante); sus grabaciones parecen hechas en casa, con un grupo de amigos, en un día cualquiera. No busca trascender hacia las alturas del éxito, de la verdad, de la belleza. Busca simplemente divertirse, pasarla bien, desfogarse sin dejar pasar la oportunidad que el día de hoy nos presenta. Otra vez, aquí la sinceridad es componente esencial de lo cotidiano:








Al principio del post me refería a la reacción del punk frente a cosas como el rock progresivo, que suele salirse totalmente de la cotidianeidad para crear su propio mundo de fantasía, su propia ilusión. Si la cotidianeidad tiene como característica principal la manifestación de una mixtura entre lo intelectual y lo emocional, en donde más fuerte parece ser siempre lo emocional, el rock progresivo parece alejarse de ello al mostrarse demasiado intelectual, demasiado premeditado. Sin embargo, ¿no es acaso la siguiente canción de King Crimson (grupo ícono del rock progresivo) un descenso calculado al caos de lo cotidiano, a la velocidad descontrolada de nuestra cotidianeidad actual?:


King Crimson: 'Cage'

Pero lo cotidiano no es simplemente caótico, en lo cotidiano se dan las muestras más delicadas e inconcientes del espíritu de toda una comunidad, de toda una forma de vida. En ese sentido, aunque no me lo propongo, la siguiente canción siempre me suena infinitamente cotidiana (será, talvez, porque habla tan íntimamente de todos):


Chaly García: 'Dinosaurios'

jueves, 26 de noviembre de 2009

Lo cotidiano: el cine

Quisiera continuar con la recolección de muestras artísticas que, a mi juicio, expresen de uno u otro modo, diversos aspectos de la cotidianeidad, aludiendo a ella implícita o explícitamente, o apoyándose en ella para generar una expresión artística. Ya que comencé con la noción que tiene Cavell del cine, en donde le da gran importancia a la expresión de lo cotidiano, quisiera continuar en el mismo arte, presentando algunas películas que sean, a mi juicio, una expresión de la cotidianeidad.

Comenzaré con el neorrealismo italiano, que es identificado como una corriente del cine que comienza a tocar temas de la vida concreta, de un modo que no se busca la espectacularidad, sino simplemente la muestra de cómo transcurre la vida de sujetos como cualquiera. El neorrealismo italiano surge en el contexto de una Italia que estaba aun consternada por los efectos de la segunda guerra mundial. Una Italia aun asediada por las tropas aliadas y aun en estado de shock por el terrible evento del que había sido parte. La segunda guerra mundial le abre los ojos al sujeto europeo ante una realidad que de pronto se muestra totalmente desencajada, totalmente carente de sentido, totalmente quebrada. La guerra rompe las ilusiones de un mundo que se dirige hacia un progreso ideal: la incomprensión del terror se inmiscuye en la conciencia de toda Italia, e influye directamente en cómo los cineastas comienzan a realizar películas. El cine que surge en el neorrealismo italiano no vende ilusiones, pero tampoco se dedica a juzgar moralmente los hechos. Lo que hace este cine es simplemente mostrar su consternación frente a una realidad sobre la que ya no se sabe qué decir, de la que ya no se puede sacar ninguna respuesta concreta. Así, las películas italianas de esta época comienzan a mostrar características novedosas; la cámara, por ejemplo, deja de mostrar cosas puntuales, ya no se dedica simplemente a seguir los pasos de una narración; ahora la cámara comienza a mostrar planos amplios, deja de concentrarse en qué es lo que se quiere contar, para pasar a simplemente mostrar todo el panorama, preguntándose qué es aquello que allí debería sorprendernos: sólo se atina a mirar con ojos consternados. Así, las historias que se cuentan aterrizan en la vida concreta de los sujetos, en su júbilo y en su tristeza cotidianos. Las problemáticas no son resueltas, las películas terminan con grandes dudas abiertas, no se quiere mostrar una perspectiva ni explícitamente feliz, ni explícitamente triste, simplemente se muestra a la vida ordinaria, tal y como ella es, llena de huecos, de incertidumbres, de perplejidades. El siguiente es un clip de la famosa película de Vittorio de Sica, ‘Ladrón de Bicicletas’. Nótese la concentración en diálogos, la ausencia de eventos espectaculares, la ausencia de afirmaciones categóricas morales; hay sonrisas, hay tristeza, hay incógnita, todo a la vez:




Pasemos a otro ejemplo del cine que muestre algún aspecto de la cotidianeidad. A mi juicio, el cine latinoamericano actual es una gran fuente de películas con amplio contenido que se apoya en lo cotidiano. Sobre todo el cine argentino, es un cine que ha comenzado a concentrarse en eventos cada vez más ligados a la vida concreta, cada vez más desligados de lo espectacular. Hay muchas películas latinoamericanas actuales que se dedican simplemente a seguir la psicología de un personaje en particular. Son películas pausadas y muy reflexivas. Buscan la riqueza en la atención de cómo pasa el día a día de alguna persona, o de algún evento. Podemos pasarnos varios minutos observando a alguien en silencio, pensando, mirando hacia algún lugar. La psicología no es mostrada explícitamente, sino de modo confuso y complejo: tal como se da en la cotidianeidad. El siguiente es un clip de una película mexicana llamada ‘Lake Tahoe’, del director Fernando Eimbcke. Nótese lo sumamente comunes que son los eventos y conversaciones que nos muestra la película:




Algo muy interesante pasa con la película ‘En la ciudad de Sylvia’, de José Luis Guerín. La película se posa en el día a día de un personaje, y vamos concentrándonos en la perspectiva de su pausada búsqueda. Así, se nos muestran escenas tan bellas como la siguiente, en la que nos dedicamos sólo a mirar a la gente actuando cotidianamente, mientras se toman un café y conversan sobre cualquier tema:




El diálogo es un elemento básico y central de la cotidianeidad; es talvez el elemento más importante que conforma lo que es la vida ordinaria. Es en el diálogo en donde nos conformamos como sujetos, y en donde nos relacionamos día a día con las demás personas. Dos películas que son una muestra muy interesante de cómo las relaciones humanas más profundas nacen sumergidas en el diálogo, son ‘Before Sunrise’ y ‘Before Sunset’ de Richard Linklater. Disfrutar de la cotidianeidad, sumergirse concientemente en ella, es saber disfrutar paso a paso, pausadamente, del diálogo:


Before Sunset

En el mismo sentido de la anterior, la película ‘Ten’ de Kiarostami se centra totalmente en el diálogo. No vemos más que a una mujer conduciendo un auto, conversando con varios acompañantes. A partir de tales diálogos, Kiarostami va sumergiéndose muy profundamente en la vida de las mujeres iraníes, en sus problemáticas cotidianas. Como dije, es en el diálogo en donde conocemos más profundamente al ser humano: