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martes, 27 de octubre de 2009

El gran y único vigilante: La Torre de Babel en Watchmen (c)

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Lo que quisiera afirmar aquí es que Veidt ha pasado totalmente por alto al ser humano tal y como es considerado en la filosofía hermenéutica: es decir, como un ser inmerso en la pluralidad, en la diferencia y en el diálogo[1]. Gadamer piensa muy sugerentemente el problema de la pluralidad y de su negación. La negación de la pluralidad, de la diferencia y del diálogo está representada en el relato bíblico de la Torre de Babel, aquel en donde todo el mundo “tenía un mismo idioma y usaba las mismas expresiones”[2]. La Torre de Babel representa la ausencia de pluralidad, todos miran en una sola dirección y no existen las diferencias. Así pues, Gadamer se hace siguiente pregunta: “¿qué aspecto tiene la Torre de Babel, o lo que se le parezca, en nuestro mundo?”[3], intentando indagar sobre qué es aquello que en nuestra realidad contemporánea niega a la diferencia y, por lo tanto, al diálogo. A mí me gustaría aplicar la misma pregunta que se hace Gadamer, pero con respecto al mundo de Watchmen: ¿qué aspecto tiene la Torre de Babel, o lo que se le parezca, en el mundo de Watchmen? Y por supuesto, la respuesta señala al plan de Veidt, a su obsesión por lograr una unidad del mundo que no se preocupa por el ser humano en tanto que ser complejo, y lo reduce a un ser de bienestar material y pragmático.

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La importancia de identificar la actitud del personaje Adrian Veidt no radica solamente en apreciar la riqueza de la obra de Moore y Gibbons. Más allá de ello, quisiera ahora señalar que una actitud de ese tipo también puede ser encontrada afuera de la ficción, y aun más, en la realidad peruana. A continuación, me interesa señalar cómo el personaje más importante del contexto socio-político peruano actual -el presidente Alan García- da muestras de tal actitud que evidencia un serio problema en la comprensión del ser humano.

Cito a García: “Nos ilumina una fe. La fe de la razón. La fe firme en que el esfuerzo humano, su inteligencia, su tecnología, su voluntad política organizada pueden vencer todos los obstáculos,…creyendo en la razón sabemos que no hay ninguna ley natural inevitable, ninguna fuerza diabólica que nos pueda expulsar de la tierra o condenar al fracaso. Siempre la inteligencia, la ciencia, la tecnología y la organización humana podrán más que los obstáculos que se presenten a nuestra especie.”[4]

Ya está aquí planteada claramente una actitud intelectualista, y los peligros de ella ya han sido repasados. Uno de ellos, aquel que se concentra demasiado en el bienestar material del ser humano, se confirma en la siguiente cita: “No nos angustia la mala interpretación del evangelio. Nunca sabremos si Adán y Eva fueron expulsados del paraíso por romper el medio ambiente de Dios comiendo el fruto, o si de verdad fueron expulsados por su incapacidad tecnológica de multiplicar los frutos con su trabajo y con su esfuerzo.”[5] Más allá de la evidente manipulación o mala lectura del texto bíblico, aquí García da muestras de una consideración del bienestar en la que el progreso material (“multiplicar los frutos…”) es lo más importante, dejándose de lado una consideración más profunda del bienestar humano. Así pues, no hay consideración de la pluralidad y la diferencia que abundan en la realidad peruana. Es mi opinión que el grave error en el que se cae una y otra vez en la realidad peruana, es el de no saber comprender al diálogo como un modo de acercamiento y comprensión de la diferencia, sino como un intento de anulación de ella. Este intento de unificación o equiparación de puntos de vista anula la pluralidad y por lo tanto la singularidad de cada perspectiva. Claro ejemplo de este error se manifiesta en declaraciones del presidente como la siguiente (realizada con respecto a los hechos ocurridos en la provincia de Bagua, a mediados del presente año): “El gobierno fue muy concesivo, muy dialogante. El diálogo es una virtud, pero cuando se dialoga demasiado la persona que está al frente cree que hay debilidad y temor.” Es evidente pues, que se está teniendo una noción totalmente errada del diálogo y de su importancia. Es decir, el diálogo no debería ser tomado simplemente como un instrumento promovedor de coincidencias, sino como un promovedor de la diferencia y de su comprensión[6].

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Comencé esta reflexión sobre el cómic Watchmen con el accidente que sufre Jon Osterman y con el ‘campo intrínseco’ que sería liberado en él: uno incapaz de acercarse espiritualmente a los demás seres humanos, es decir, uno que niega la posibilidad de la que habla la hermenéutica en su noción de diálogo con el otro. Sin embargo, quisiera terminar reflexionando sobre otro evento del cómic, a modo de intentar rescatar al ser humano presentado en Watchmen como un ser humano aun dispuesto al acercamiento al otro sin que busque únicamente la satisfacción de un interés propio. El evento sobre el que quiero reflexionar es el de la explosión de la criatura transportada por Veidt. En las últimas páginas del capítulo XI vemos cómo una pelea se inicia en la calle, justo en el lugar en el que será transportada la criatura sólo unos minutos después. En esta escena identifico la que es probablemente la única muestra de acción desinteresada de los miembros de la sociedad de Watchmen. Son muchas las personas que se lanzan a intentar detener la pelea, no porque ello les vaya a dar algún beneficio propio, sino simplemente porque eso es algo bueno que se tiene que hacer[7]. Esto es muy significativo de parte de Moore, ya que nos muestra el único acto de verdadero desprendimiento en el momento en el que se va a consolidar un plan realizado sin que se tenga en cuenta a la humanidad de todas aquellas personas. Así pues, se acentúa el hecho de que la explosión de Veidt anula a los sujetos en tanto que sujetos aun dispuestos a relacionarse con el otro.

Por ello es tan conmovedora la última secuencia de cuadros del capítulo XI, en donde vemos al vendedor de periódicos y al joven negro padecer juntos la explosión. El joven busca impulsivamente, casi inconcientemente, al vendedor de periódicos, quien hace lo mismo con él. El vendedor cubre al joven de la explosión con su cuerpo y ambos la padecen abrazados, encontrándose el uno al otro en el gran momento de la última crisis. Las imágenes muestran un color blanco que se va apoderando cada vez más del espacio, muy parecido al color de la imagen del accidente de Jon Osterman. Me gusta pensar que en esta escena, en el abrazo mutuo que se dan los dos personajes para morir juntos, se presenta la liberación de un nuevo ‘campo intrínseco’, uno opuesto al que se liberó con Osterman: el de buscar contacto y conexión emocional con otro ser humano.

FIN


[1] En la hermenéutica el diálogo presupone a la diferencia; el diálogo se da siempre entre diferentes. Pretender una ‘unidad del mundo’ supone eliminar la pluralidad y ello supone eliminar a la diferencia, lo que supone eliminar al diálogo, lo que supone eliminar al acercamiento profundo entre los sujetos.
[2] Génesis, 11
[3] Hans-Georg Gadamer, Arte y verdad de la palabra, Cap. 6, p. 113.
[4] En el discurso de inauguración que García dio en la V Cumbre ALC-UE.
[5] Ibid.
[6] En el último discurso presidencial Alan García dijo: “La mejor manera de dialogar es gastar”, evidenciando una alarmante mala comprensión de la importancia del diálogo para acercarse a la pluralidad.
[7] Uno de los personajes involucrados justifica su acción diciendo: “it’s all we can do, try to help each other. It’s all that means anything”. En: Watchmen, Cap XI, p. 20.

sábado, 24 de octubre de 2009

El gran y único vigilante: La Torre de Babel en Watchmen (a)

Ya habiendo tenido la oportunidad de presentar esto en público, me gustaría en los próximos días ir colgando (en tres partes) la que fue una de mis presentaciones en el V Simposio de Estudiantes de Filosofía que este año organizaron la PUCP y la UARM. Esto se dió en la mesa que compartí con Eduardo Marisca y Martín Valdez sobre el cómic de Alan Moore y Dave Gibbons, Watchmen.


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En el cuarto capítulo de Watchmen se nos cuenta cómo es que nace el Dr. Manhattan, el único personaje del cómic que realmente tiene poderes súper-humanos, entre los que se destacan la capacidad para manipular la materia a su gusto y la capacidad de vivir en pasado, presente y futuro simultáneamente. Este ser nace a partir del accidente que sufre el físico Jon Osterman, cuando queda atrapado en una máquina dedicada a separar a los objetos de sus ‘campos intrínsecos’[1]. Un ‘campo intrínseco’, dicho en términos puramente físicos, sería algo así como aquello que mantiene a todos los átomos de un objeto unidos. Esto, dicho en términos más ontológicos, significa que el ‘campo intrínseco’ sería aquello gracias a lo cual un objeto puede ser lo que es; es decir, sería aquello que le es más íntimo al objeto y sin lo cual el objeto no podría ser lo que es. (Esto, en términos más metafísicos, nos tendría que llevar a decir que el ‘campo intrínseco’ es algo así como la esencia del objeto, sin embargo no es mi intención ir tan lejos.)

Ahora bien, en esta ocasión no es un simple objeto el que está siendo sometido al proceso de la máquina, sino que es un ser humano el que ha quedado atrapado en ella. Así pues, a diferencia de las anteriores ocasiones, esta vez no ocurre simplemente que se descompone lo físico, sino que ahora hay algo más que evidentemente sobrevive: algo que parecer ser el resto de una especie de conciencia[2], que luego pasó a reconstruirse el cuerpo perdido. Me gustaría entonces proponer que tal conciencia que sobrevivió al experimento es el ‘campo intrínseco’ que se le extrajo a Jon Osterman, a un ser humano. Es decir, aquello que le es más íntimo al ser humano, aquello gracias a lo cual el ser humano es lo que es ha sido extraído y liberado. A partir de esto tendríamos que identificar varias características en ese campo intrínseco humano liberado -de acuerdo a como es el Dr. Manhattan, ya que él mismo es esa conciencia que sobrevivió-, sin embargo a mí me gustaría resaltar sólo una característica, una negativa: la que se refiere a la total incapacidad para relacionarse emocionalmente -espiritualmente- con otras personas, para entrar en contacto con ellas, para comprenderlas y ponerse en su lugar.

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Me ha interesado comenzar lanzando esta hipótesis referente al sentido que se le podría estar dando al ‘campo intrínseco’ del ser humano porque la idea central que quiero desarrollar a lo largo de mi reflexión sobre Watchmen tiene que ver con la crítica a una actitud hacia el mundo que no sabe comprender la constante diferencia y pluralidad de los sujetos, en donde el acercamiento entre unos y otros tendría que darse más desde el aspecto emocional que del intelectual. Esta es, por supuesto, una idea que elabora la filosofía hermenéutica cuando se refiere a los fenómenos de la comprensión y la identificación entre los seres humanos. Es también el mismo sentido en que Wittgenstein critica las actitudes intelectualistas, en las que se olvida la dimensión espiritual o emocional del ser humano, aquella a la que no hay que acercarse para entender lógica o analíticamente, sino para comprender de una forma más ética e incluso estética.

Cuando filósofos como Gadamer o Wittgenstein apelan a la dimensión emocional del ser humano, antes que a la intelectual, están intentando darle un lugar primordial a la conciencia de que cada sujeto es íntimamente diferente del otro, y que por lo tanto está sumergido en el constante pluralismo que forma a la realidad. Esto significa rechazar ciertas actitudes intelectualistas que siguen concibiendo a la razón humana como el instrumento privilegiado a partir del que se puede generar un progreso sólo referido a lo material, olvidando la profundidad que yace en la dimensión espiritual, talvez la más importante para el bienestar del ser humano.

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A partir de esta línea filosófica básica que quiero seguir a lo largo de mi reflexión, me gustaría referirme un poco ahora a la condición en que se encuentra la sociedad de Watchmen. La situación en la que ella se nos presenta es de clara incertidumbre y decadencia moral. El fundamento común de la sociedad se ha perdido, no hay un intento de comprensión de lo que ocurre con aquel que es diferente pero que a la vez está al lado, conviviendo con uno. Ejemplos de esta actitud hay muchos a lo largo del cómic, sin embargo me referiré sólo a aquel que más cruento y radical me parece: Rorschach narra[3] un evento en el que una mujer es violada, torturada y asesinada a plena vista y oído de los vecinos, quienes no atinan ni a llamar a la policía, ni a intervenir, ni a siquiera quitar la mirada de los hechos. Esto habla de una sociedad en la que la relación con el otro se ha resquebrajado totalmente. Cada quien actúa de acuerdo a sus propios intereses, pasando por alto la moralidad de las otras personas para lograr el propio beneficio. No existe la más mínima noción de diálogo, de comprensión emocional o espiritual del otro. Una egolatría radical que ha invadido el ambiente, provocando el desligamiento emocional entre los sujetos pertenecientes a la comunidad.


[1] Alan Moore y Dave Gibbons, Watchmen, Cap. IV, p. 4
[2] Ibid., Cap. IV, texto suplementario: “…a form of electromagnetic pattern resembling consciousness survived”.
[3] Ibid., Cap. VI, p. 10.

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